Dice Silvio Rodríguez me pregunto qué negocio es este / en que hasta el deseo es un consumo...
Nos han puesto un precio, muchos. La palabra técnica es mercantilización: la sujeción progresiva de nuevas parcelas de la vida a las lógicas del mercado. Todo se compra y se vende. El agua, la luz y hasta el azar pasan a manos privadas. Nos está cayendo un chaparrón de códigos de barras y cuando intentamos abrir el paraguas el lobo sopla y fu, el armazón del paraguas se rompe como si en lugar de metal sus varillas fueran los nervios de una hoja seca. Crac.
De todo se hace un producto. La revolución ya no es lo que era, ahora se procesa en una fábrica y se empaqueta en cómodos paquetes sin gastos de envío. Ojalá fueran solo camisetas del Ché. Hay dos carteles en un ING Direct cerca de la facultad que me abren la úlcera cada vez que los veo, dos carteles que dicen No nos mires, únete y Sea inconformista. Un anuncio de Banco Popular me pregunta si quiero ser 500 euros más feliz, como si la felicidad se midiera en euros del mismo modo que la intensidad luminosa se mide en candelas. Media Markt promete luchar por mí, pero aún no les vi gritando en la calle con el puño cerrado ni parece que se enteraran de que La revolución no será televisada.
En la Edad Media, las iglesias con sus campanas marcaban el ritmo al que pasaba el tiempo. Por eso el emergente poder civil colocó relojes en las torres y las fachadas de los ayuntamientos. Y ahora, en un nuevo giro de la historia, es El Corte Inglés el que anuncia la llegada de la primavera o de esa cosa llamada navidad.
Ya ni siquiera el tiempo libre es libre porque el tiempo libre es la materia prima de la industria del ocio. La libertad ahora es estar delante de una máquina expendedora de latas de Coca-Cola con una moneda en la mano. Clásica. Light. Zero. Frente a la taquilla de un multicine. Recorriendo con el puntero del ratón la lista de vídeos sugeridos de Youtube.
Soy solo un cuerpo delante del Mercado. Recuerdo una vieja consigna, Hacer del carro de la compra un carro de batalla. Cierro los ojos en la calle para reducir el ruido del tráfico a olas del mar y siento en los párpados rojos la luz del día. Acude a mis labios el siguiente verso de la canción de Silvio -¿qué me haré cuando facture el sol?- y mis brazos escalan el aire para abrazar todo el calor de su circunferencia.
11.5.11
2.5.11
Saudade
6.4.11
Imposible
Es imposible porque no lo puedes nombrar, ni siquiera imaginarlo. ¿Pero quién dijo que para hacer algo hay que saber darle un nombre o una imagen?
31.3.11
Autoridad
Cuando empecé a dar clases hace pocos meses, hubo algunos detalles que pueden parecer casi insignificantes; poco importantes para todo el tiempo que dediqué a pensar en ellos. Ahora me vienen, fundamentalmente, dos a la mente. Uno de ellos, cómo vestiría. El segundo, si trataría a los estudiantes de tú o de usted.
Al final -y fundamentalmente bajo el consejo de mi director de tesis- decidí tratarles de usted. También decidí que llevaría, al menos, una camisa. ¿Por qué? Porque pensaba, decía medio en broma, que si aparecía en clase en camiseta ni siquiera me reconocerían como profesor.
Primero se llega a un lugar. Luego se mira alrededor. Y uno descubre dónde está. El tratamiento de usted, la camisa, son símbolos de autoridad. Son elementos que tienden a legitimar la transmisión de conocimiento, de toda una cultura de dominación, vertical, asimétrica (dicen que Pierre Bourdieu lo explica bastante bien. Habrá que leerlo).
Transmitente -involuntario- de mucho más de lo que decía. De una idea de jerarquía, de un orden determinado. Y es interesante pensar que era el miedo lo que me hizo actuar de esta forma. El miedo a mis alumnos es lo que me llevó a revestirme de nuevos símbolos de autoridad. En lugar de advertir, analizar y criticar los que ya existían. Como la tarima, la gestión del tiempo (¿cuándo empieza la clase? Cuando llega el profesor) y un larguísimo etcétera.
Y, sin embargo, son cosas que merece la pena pensar y repensar.
Al final -y fundamentalmente bajo el consejo de mi director de tesis- decidí tratarles de usted. También decidí que llevaría, al menos, una camisa. ¿Por qué? Porque pensaba, decía medio en broma, que si aparecía en clase en camiseta ni siquiera me reconocerían como profesor.
Primero se llega a un lugar. Luego se mira alrededor. Y uno descubre dónde está. El tratamiento de usted, la camisa, son símbolos de autoridad. Son elementos que tienden a legitimar la transmisión de conocimiento, de toda una cultura de dominación, vertical, asimétrica (dicen que Pierre Bourdieu lo explica bastante bien. Habrá que leerlo).
Transmitente -involuntario- de mucho más de lo que decía. De una idea de jerarquía, de un orden determinado. Y es interesante pensar que era el miedo lo que me hizo actuar de esta forma. El miedo a mis alumnos es lo que me llevó a revestirme de nuevos símbolos de autoridad. En lugar de advertir, analizar y criticar los que ya existían. Como la tarima, la gestión del tiempo (¿cuándo empieza la clase? Cuando llega el profesor) y un larguísimo etcétera.
Y, sin embargo, son cosas que merece la pena pensar y repensar.
(3:10 a 4:39)
Dicen que el diablo sabe más
por viejo que por diablo,
y digo yo que no es verdad.
Sabe más por ser diablo,
porque la inmensa mayoría
de los viejos no haya nunca
toda la sabiduría.
Y se hacen viejos en su terca
y antipatiquísima arrogancia
que es más impertinente que cualquiera
de mis adolescentes ignorancias.
Y para mayor desgracia,
la vida al final nos estremece,
porque antes de la sepultura
todos los hombres envejecen,
pero qué pocos maduran,
pero qué pocos maduran.
No reconozcas como superior
más que al hombre que sea mejor que tú,
que todas las revoluciones son,
son palabra y obra de la juventud.
15.3.11
Sortu: nada nuevo bajo el sol
Así, periódicamente, miro al País Vasco y me indigno como ciudadano y jurista. Esta vez se trata de Sortu, una nueva formación política que se encuadra en la izquierda abertzale... pero el nombre es lo de menos. Lo que importa es el fondo. Y el fondo es que el Estado español continúa intentando ilegalizar mediante instrumentos legales muy dudosos una opción política porque, se afirma, está relacionada con ETA.
El fiscal identifica la izquierda abertzale con Batasuna, y ello pese a reconocer que la Audiencia Nacional ha afirmado que no son lo mismo, que la izquierda abertzale es una corriente ideológica que está amparada por el artículo 20 de la Constitución, que reconoce la libertad de expresión. El problema de esta identificación es que parece (¿parece?) que se están ilegalizando opciones políticas.
De nuevo, los indicios que el fiscal pone sobre la mesa de la sala 61 del Tribunal Supremo son de risa. Por ejemplo, la voluntad de ETA de crear una formación que permita que la "izquierda abertzale" pueda concurrir a las elecciones. Este era uno de los argumentos (debilísimos, porque no demuestra la conexión entre esa voluntad y la organización concreta, en este caso Sortu) que también se alegaron para ilegalizar Iniciativa Internacionalista (II-SP), una alianza de pequeños partidos que concurrió a las elecciones europeas (y, en aquel caso, el Tribunal Constitucional declaró que no existían indicios suficientes para la ilegalización).
Un ejemplo de "prueba" son las declaraciones de José Luis Moreno Sagües, que fue candidato en una anterior lista ilegalizada y que afirma cosas como que se está creando una organización que apostará por vías democráticas, condenando todo tipo de violencia; o que "la izquierda abertzale presentará en enero su marca propia para las próximas elecciones" y que "no tenemos intención de colarnos ni de concurrir a los comicios con una trampa".
No está de más recordar que un candidato en una lista que fue ilegalizada no está contagiado necesariamente por ningún virus. Esto lo ha afirmado la Sentencia del Tribunal Constitucional de 21 de mayo de 2009 que permitió a II-SP presentarse a las elecciones. Afirmó que la tesis de la contaminación sobrevenida ("que, en el parecer del Tribunal Supremo, padecerían cuantos, sin ser ellos mismos motivo para la ilegalización de una candidatura, figuraron como candidatos en una lista ilegalizada) es constitucionalmente inadmisible.
Tampoco está de más advertir -como hace Sortu en su recurso- que se puede exigir que la organización se distancie expresamente de ETA (yo diría: ni eso), pero no que ETA rechace expresamente a una organización cualquiera perteneciente a la izquierda abertzale. Porque, y de nuevo volvemos a lo mismo, "supondría aceptar que la existencia de ETA acarrea la criminalización política de todo ese movimiento social, lo que es inaceptable en un Estado de Derecho".
El fiscal ha llenado 168 páginas con indicios que, francamente, no pienso leer uno por uno.
Sortu se pretende ilegalizar por la vía del artículo 12 de la LO 6/2002, de Partidos, que lo que haría sería ejecutar la sentencia por la que se ilegalizó a Batasuna, y ello por entender que es sucesora de dicha organización. Pero es que hay un pequeño detalle: que Sortu condena la violencia como instrumento de acción política y, expresamente, condena la de ETA.
Si las declaraciones de Moreno Sagües que citaba arriba son una "prueba" de la vinculación de Sortu y Batasuna, basándose en la primera frase entrecomillada, que por supuesto se considera absolutamente cierta... ¿por qué no se considera igualmente cierta la segunda, la que expresa la buena fe de la nueva marca?
Existe, desde luego, una amplia participación de miembros de la antigua Batasuna en Sortu. Dicho esto, la nueva formación ha condenado expresamente la violencia.
Los indicios que permiten ilegalizar un partido, con la Ley en la mano, son cosas como "Fomentar, propiciar o legitimar la violencia" o "Dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo". Lo que pide la Ley de Partidos para volver a la legalidad (aceptando que Sortu sea efectivamente sucesora de Batasuna, que es algo que no está tan claro) es, precisamente, condenar la violencia. Y no lo digo yo, lo dice el Presidente del Gobierno:
Transcribo, por si queda alguna duda: "para que alguien vuelva a estar o pretenda estar en las instituciones democráticas, o rompe o rechaza y condena la violencia de ETA..."
Pues esto es lo que afirma el artículo 3.B) de los Estatutos de Sortu:
¿Ahora tampoco sirve? ¿Qué credibilidad les queda a estos políticos? Se ha creado una Ley de Partidos específicamente diseñada para ilegalizar a Batasuna con efectos especialmente severos, puesto que niega el derecho de sufragio pasivo (y, por extensión activo) en un procedimiento que no es penal y, por tanto, no tiene las garantías inherentes a esta rama del ordenamiento. Se mezcla izquierda abertzale con terrorismo, se comienza a criminalizar a diestro y siniestro... y claro, luego pasan cosas como la de Egin; y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a España por no investigar denuncias de torturas y por violar la libertad de expresión de Arnaldo Otegi al condenarlo por llamar al Rey "jefe de los torturadores".
Y pasa que ahora veo la tele y me da asco. Y me entran ganas de comprar una escopeta para limpiar de buitres el cielo. A ver si me hago una almohada de plumas y, por una vez, duermo toda la noche de un tirón.
El fiscal identifica la izquierda abertzale con Batasuna, y ello pese a reconocer que la Audiencia Nacional ha afirmado que no son lo mismo, que la izquierda abertzale es una corriente ideológica que está amparada por el artículo 20 de la Constitución, que reconoce la libertad de expresión. El problema de esta identificación es que parece (¿parece?) que se están ilegalizando opciones políticas.
De nuevo, los indicios que el fiscal pone sobre la mesa de la sala 61 del Tribunal Supremo son de risa. Por ejemplo, la voluntad de ETA de crear una formación que permita que la "izquierda abertzale" pueda concurrir a las elecciones. Este era uno de los argumentos (debilísimos, porque no demuestra la conexión entre esa voluntad y la organización concreta, en este caso Sortu) que también se alegaron para ilegalizar Iniciativa Internacionalista (II-SP), una alianza de pequeños partidos que concurrió a las elecciones europeas (y, en aquel caso, el Tribunal Constitucional declaró que no existían indicios suficientes para la ilegalización).
Un ejemplo de "prueba" son las declaraciones de José Luis Moreno Sagües, que fue candidato en una anterior lista ilegalizada y que afirma cosas como que se está creando una organización que apostará por vías democráticas, condenando todo tipo de violencia; o que "la izquierda abertzale presentará en enero su marca propia para las próximas elecciones" y que "no tenemos intención de colarnos ni de concurrir a los comicios con una trampa".
No está de más recordar que un candidato en una lista que fue ilegalizada no está contagiado necesariamente por ningún virus. Esto lo ha afirmado la Sentencia del Tribunal Constitucional de 21 de mayo de 2009 que permitió a II-SP presentarse a las elecciones. Afirmó que la tesis de la contaminación sobrevenida ("que, en el parecer del Tribunal Supremo, padecerían cuantos, sin ser ellos mismos motivo para la ilegalización de una candidatura, figuraron como candidatos en una lista ilegalizada) es constitucionalmente inadmisible.
Tampoco está de más advertir -como hace Sortu en su recurso- que se puede exigir que la organización se distancie expresamente de ETA (yo diría: ni eso), pero no que ETA rechace expresamente a una organización cualquiera perteneciente a la izquierda abertzale. Porque, y de nuevo volvemos a lo mismo, "supondría aceptar que la existencia de ETA acarrea la criminalización política de todo ese movimiento social, lo que es inaceptable en un Estado de Derecho".
El fiscal ha llenado 168 páginas con indicios que, francamente, no pienso leer uno por uno.
Sortu se pretende ilegalizar por la vía del artículo 12 de la LO 6/2002, de Partidos, que lo que haría sería ejecutar la sentencia por la que se ilegalizó a Batasuna, y ello por entender que es sucesora de dicha organización. Pero es que hay un pequeño detalle: que Sortu condena la violencia como instrumento de acción política y, expresamente, condena la de ETA.
Si las declaraciones de Moreno Sagües que citaba arriba son una "prueba" de la vinculación de Sortu y Batasuna, basándose en la primera frase entrecomillada, que por supuesto se considera absolutamente cierta... ¿por qué no se considera igualmente cierta la segunda, la que expresa la buena fe de la nueva marca?
Existe, desde luego, una amplia participación de miembros de la antigua Batasuna en Sortu. Dicho esto, la nueva formación ha condenado expresamente la violencia.
Los indicios que permiten ilegalizar un partido, con la Ley en la mano, son cosas como "Fomentar, propiciar o legitimar la violencia" o "Dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo". Lo que pide la Ley de Partidos para volver a la legalidad (aceptando que Sortu sea efectivamente sucesora de Batasuna, que es algo que no está tan claro) es, precisamente, condenar la violencia. Y no lo digo yo, lo dice el Presidente del Gobierno:
Transcribo, por si queda alguna duda: "para que alguien vuelva a estar o pretenda estar en las instituciones democráticas, o rompe o rechaza y condena la violencia de ETA..."
Pues esto es lo que afirma el artículo 3.B) de los Estatutos de Sortu:
"Sortu desarrollará su actividad desde el rechazo de la violencia como instrumento de acción política o método para el logro de objetivos políticos, cualquiera que sea su origen y naturaleza; rechazo que, abiertamente y sin ambages, incluye a la organización ETA, en cuanto a sujeto activo de conductas que vulneran derechos y libertades fundamentales de las personas".
¿Ahora tampoco sirve? ¿Qué credibilidad les queda a estos políticos? Se ha creado una Ley de Partidos específicamente diseñada para ilegalizar a Batasuna con efectos especialmente severos, puesto que niega el derecho de sufragio pasivo (y, por extensión activo) en un procedimiento que no es penal y, por tanto, no tiene las garantías inherentes a esta rama del ordenamiento. Se mezcla izquierda abertzale con terrorismo, se comienza a criminalizar a diestro y siniestro... y claro, luego pasan cosas como la de Egin; y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a España por no investigar denuncias de torturas y por violar la libertad de expresión de Arnaldo Otegi al condenarlo por llamar al Rey "jefe de los torturadores".
Y pasa que ahora veo la tele y me da asco. Y me entran ganas de comprar una escopeta para limpiar de buitres el cielo. A ver si me hago una almohada de plumas y, por una vez, duermo toda la noche de un tirón.
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