2.11.08
La fuerza (VIII)
Sacar la fuerza de donde sea necesario. Sacarla de la mierda, de los recuerdos hechos añicos, desgarrados, con ese moho que va naciendo (o aferrándose: ¿viene de fuera o surge de dentro?) en los pliegues de la piel de las frutas. Sacarla de la sangre de las manos, sacarla de las raíces de hilo que me cosen a la tierra, al pasado. De las células madre de mi viejo cordón umbilical, del hermano-medicamento que nunca tuve. Sacarla de los sueños por palabras de los diarios, de los espejos curvos del callejón del gato. Sacarla de cualquier lugar, salvo de la mentira, salvo del engaño.
Sacar la fuerza de donde sea necesario. Sacarla de la resina de los árboles, del agua de lluvia que cae fría por mi espalda, de las promesas tantas veces pospuestas, de los naufragios y los desastres, de las batallas perdidas, de las guerras de guerrilla. Sacar la fuerza como un reguero de pólvora, como el latigazo de chispa que lo devora. Sacarla del filo tierno de un cuchillo, de las entrañas oxidándose al aire. De ese extraño concepto de alma. Que tal vez es la mejor forma de definir esta cosa que me escuece cuando me miras.
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