Son las tres y cuarto de la mañana y el estruendo del camión de la basura rasga mis ventanas de papel. Se me acaba de ocurrir que algunas noches (muchas: me cuesta dormir) lo he escuchado pero jamás me he asomado para verlo. Las contraventanas de madera están frías, más aún lo están los cristales: ligeramente empañados, o tal vez haya sido el vaho de mi respiración o el calor de mis manos.
Estoy en una casa donde suena la campana quince minutos antes de cada comida. Vivo en una casa tendida en torno a un patio de arcos de medio punto. El ombligo del patio parece un pozo pero no tiene eco, ni tiene helechos creciendo en las irregularidades de los ladrillos, ni he sorprendido aún a rayo de sol alguno deslizándose hacia el fondo para estremecerlo.
La campana suena a la una y cuarto. La campana vuelve a sonar a las ocho menos cuarto. El camión de la basura suena a las tres y cuarto. Mi despertador suena a las ocho y media (aunque a veces se compadece de mí y espera diez minutos más a que mis piernas y mis brazos se anuden al cuerpo). Los días están tan bien construidos que no han quedado irregularidades. No pueden crecer esos helechos que tiñen los ecos de un verde oscuro y frío. Un rayo de sol no podría tropezar y caería como una roca muerta al fondo negrísimo del pozo. Me da miedo dormir, me aterra estar condenado a caer cada noche irremisiblemente. Caer sabiendo que luego no existirán oquedades o salientes en los que apoyar las manos y los pies.
Días tan bien construidos que no queda espacio para habitarlos. Los días perfectos y cada noche un pozo sin fondo.
4 comentarios:
wo! R, me gusta como escribes :)
:O falta un post? se perdió en el pozo?
emmm... no?
he modificado uno que no me gustaba, que para eso el blog es mío ^^
pero no falta nada... creo?
por cierto, cada vez me cuesta más no escribir mierdas, pero gracias ;-)
Publicar un comentario en la entrada