11.3.09

Escondrijos fiscales

Paraiso fiscal, por lo pronto, es una traducción equivocada del inglés Tax haven, que no heaven, y que significa "refugio fiscal". Son territorios (estatales o subestatales) que se suelen caracterizar por ofrecer una tributación especialmente baja o favorable, bien con carácter general o bien para los no residentes; legislación mercantil y bancaria flexible y carente de controles; y una completa opacidad frente a las administraciones extranjeras: secreto bancario, ausencia de pactos de intercambio de información con administraciones extranjeras... las empresas los emplean de manera masiva para minimizar la carga impositiva que tienen que soportar. Implican, por supuesto, una pérdida de recursos brutal para los países cuyos residentes ocultan sus rentas para evitar el pago de impuestos (o porque el origen de esas rentas son negocios ilegales) y son la base de operaciones de muchísimas operaciones de este tipo (tráfico de armas y de personas, terrorismo) y de la especulación más desenfrenada. Aunque los refugios fiscales suponen el 3 por 100 del PIB mundial, por ellos pasa el 50 por 100 de los intercambios comerciales: y recuérdese que de los intercambios comerciales mundiales, el 90 por 100 tiene una mera intención especulativa. Esta participación en el comercio internacional implica que el propio concepto de "refugio" ha perdido sentido: no son ya, como antes, lugares donde poner las rentas y el patrimonio a buen recaudo, apartados de la vista de las autoridades. Son un engranaje básico y activo en el sistema económico mundial.

La Unión Europea dice luchar contra los paraísos fiscales, pero en su seno se encuentran más de uno y más de dos territorios considerados como tales: según los criterios, Gibraltar o la Isla de Man, entre otros; Lietchestein, que forma parte del Espacio Económico Europeo; Suiza, con la que existen varios acuerdos; hasta Luxemburgo, donde se encuentra el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, cumple algunos de los requisitos para ser considerado refugio fiscal, como el establecimiento de límites al intercambio de información. Y es que, aunque existiera una voluntad política real tendente a su supresión, lo cierto es que los paraísos fiscales son perfecta y absolutamente concordantes con la lógica económica que las autoridades comunitarias se propusieron imponer a toda costa.