Vivir no es fácil. Hay sanguijuelas y demás sabandijas que se empeñan en que sea así. Animalejos vermiformes, de vientre blando y viscoso y lomo áspero como el papel de lija, con una mandíbula afilada y ojos de carbón ardiendo al rojo vivo. Se disfrazan tal vez de seres humanos, y algunos consiguen parecerlo por completo, salvo tal vez alguna aspereza en el dorso de la mano o algún problema de impotencia o algún colmillo retorcido.
Vivir no es fácil. Para que apareciéramos en este mundo fue necesaria la concatenación de millones de pequeñas casualidades. Luego nos arrojan a él sin folleto de instrucciones. Por eso no consigo comprender a estas personas que intentan hacerlo todo aún más complicado. No entiendo las reglamentaciones absurdas, la moral esclavizante, salvo que sean una manifestación del horror vacui.
Vivir no es fácil. No se puede recorrer el tiempo con una brújula: la aguja imantada enloquece. No hay un norte, no hay nada cierto que nos oriente. Precisamente por eso no entiendo a la gente que cree tener siempre la razón. No entiendo las religiones reveladas, no entiendo el derecho que desciende desde lo alto, no entiendo a las Personas que Hablan con Mayúsculas y siempre siempre ex cátedra.
Vivir no es fácil. Más con estas animalejos cuya dentadura está compuesta de pequeñas manos con dedos palmeados que nos aprietan y nos empujan hacia dentro, como pretendiendo enmendar la plana a Darwin e inclinarnos de nuevo sobre el suelo. Nos recorren la espalda como un martillo alcoholizado, se nos cuelgan del cuello con uñas microscópicas y afiladas. Pretenden domar la tierra y robarnos el aire.
Y bueno, vivir no es fácil. Pero es bonito. Pese a las alimañas y sanguijuelas y animalejos, pese a que intenten encogernos y arrugarnos y marchitarnos. Somos sólo la sangre que empapa nuestros cuerpos. Y la sangre siempre logra f l u i r.
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