28.7.09

Brindo por las veces que perdimos las mismas batallas


A veces siento que vamos por la vida a ciegas. Que podemos intentar orientarla de una manera u otra, tirar de un extremo o de otro, empujar, recolocar, ordenar, qué se yo. Muchas veces no servirá de nada, absolutamente de nada.

No quiere decir que no sirva para algo ni que nuestra vida esté regida por los astros. Al fin y al cabo, la fuerza de la gravedad es directamente proporcional al producto de las masas -y ahí poco tenemos que hacer contra las barbas iracundas de Júpiter- pero también es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa dos cuerpos. Y ahí nosotros, aquí a ras de suelo, tenemos una ventaja frente a los dioses.

A veces nos alejamos y nos reencontramos describiendo órbitas tan erráticas que es más lógico atribuirlas a la casualidad que al karma. Esas veces que la vida y su maraña de posibilidades y sus amargas victorias y sus derrotas con sabor oxidado hacen que nos volvamos a encontrar. Y vale la pena robar el vino de Júpiter para mojarse los labios brindando con él.