Pues bien, decíamos ayer (ayer 10 de enero, sólo que hace un año) que la vida es una cosa provisional. Que las cosas van y vienen e intentamos agarrar alguna y amarrárnosla en la cintura. Pero las cuerdas se tensan, las cosas cobran peso y quieren encajarse en la tierra. Y es normal: las semillas no pueden serlo para siempre, las semillas tienen que matarse para vivir como otra cosa.
La potencia es infinita y el acto es limitado. Por eso cuesta tanto elegir. Por eso y porque no hemos aprendido a vivir como quien baila. Tememos que con ese paso hacia el acto no haya nunca más potencia. Pero hay que ir matando potencias y convertirlas en acto para encontrar nuevas potencias que convertiremos en acto. Y vivir es aproximadamente eso, matar semillas antes de que se pudran, dar pasos antes de que los den por nosotros. La teoría está clarísima, y mientras más clara está, más claro queda que no sirve para nada. Ni como refugio seguro ni siquiera como mapa para la siembra, para el baile, para cruzar la frontera.
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