Muchas películas de Disney terminan con la boda, pero no muestran lo que hay más allá, el príncipe putero y la princesa todo el día fregando.
Bueno, pues lo mismo sucede con el Monopoly.
El objetivo del juego, como todos sabemos, es comprar el mayor número de propiedades del tablero y arruinar a los otros jugadores, que pagan cada vez que caen en una propiedad ajena.
¿Y luego?
¿Quién paga los alquileres cuando uno de ellos posee todas las propiedades en juego y los demás se han arruinado?
Exacto. Nadie.
Niños, no lo olvidéis: la progresiva concentración de la riqueza crea una creciente pobreza y, en último término, una bonita crisis.
Sería interesante jugar a la versión extendida del Monopoly, con rescates del Estado y, por qué no, revueltas populares.
¿Cuándo termina la historia? Pregúntenle a Fukuyama.
1 comentarios:
Creía que el mero fin del juego era acabar con todo... todas las riquezas, todos los participantes...como el mismo mundo;)
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