12.1.11

Yo

En Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, un personaje que es médico y estudió en Francia hace referencia a la confederación de las almas. Afirma que "creer que somos "uno" que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás ingenua, de la tradición cristiana de un alma única". Lo que proponen los médicos-filósofos que defienden esta teoría es que la personalidad es una confederación de varias almas, bajo el control de un "yo hegemónico". Y así, la normalidad, lo que consideramos que somos, es resultado del control de este yo, y es así hasta que otro yo hegemónico -por paciente erosión, por ataque violento- ocupa su lugar.

En otro libro, La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe, se hace referencia a la visión de los indios bororo, que habitan en la cuenca amazónica. Ellos van más allá y niegan la existencia de cualquier identidad privada: la mente es una cavidad abierta donde habita el poblado entero. En este sentido, Tom Wolfe cita las palabras del neurobiólogo español José M. R. Delgado, para quien "cada persona es una combinación transitoria de materiales que se toman prestados del ambiente".

Al final, el yo individual que Descartes creyó demostrar racionalmente (pienso, luego existo)... no existe. Son muchas las teorías que erosionan la base del individualismo. La idea de que somos meros portadores de genes (o, en otras palabras, la gallina es la forma que tiene un huevo de crear otro huevo), la estrechísima interconexión con todo lo que nos rodea... Pero al desaparecer ese yo irreductible, ¿qué queda? Queda un vacío. Necesitamos explicarnos, explicar qué somos, demostrar que continuaremos existiendo más allá de la muerte. ¿Y cómo existirá el yo después de muertos si ni siquiera existe antes?

Si somos una mezcla transitoria de cosas de dentro y cosas de fuera, resulta que somos absolutamente frágiles. El tiempo nos limita y es el precio que hemos pagado para que el tiempo nos transforme. Y es que las amebas son inmortales... pero no lo saben ni lo sabrán nunca.