31.3.11

Autoridad

Cuando empecé a dar clases hace pocos meses, hubo algunos detalles que pueden parecer casi insignificantes; poco importantes para todo el tiempo que dediqué a pensar en ellos. Ahora me vienen, fundamentalmente, dos a la mente. Uno de ellos, cómo vestiría. El segundo, si trataría a los estudiantes de tú o de usted.

Al final -y fundamentalmente bajo el consejo de mi director de tesis- decidí tratarles de usted. También decidí que llevaría, al menos, una camisa. ¿Por qué? Porque pensaba, decía medio en broma, que si aparecía en clase en camiseta ni siquiera me reconocerían como profesor.

Primero se llega a un lugar. Luego se mira alrededor. Y uno descubre dónde está. El tratamiento de usted, la camisa, son símbolos de autoridad. Son elementos que tienden a legitimar la transmisión de conocimiento, de toda una cultura de dominación, vertical, asimétrica (dicen que Pierre Bourdieu lo explica bastante bien. Habrá que leerlo).

Transmitente -involuntario- de mucho más de lo que decía. De una idea de jerarquía, de un orden determinado. Y es interesante pensar que era el miedo lo que me hizo actuar de esta forma. El miedo a mis alumnos es lo que me llevó a revestirme de nuevos símbolos de autoridad. En lugar de advertir, analizar y criticar los que ya existían. Como la tarima, la gestión del tiempo (¿cuándo empieza la clase? Cuando llega el profesor) y un larguísimo etcétera.

Y, sin embargo, son cosas que merece la pena pensar y repensar.


(3:10 a 4:39)

Dicen que el diablo sabe más
por viejo que por diablo,
y digo yo que no es verdad.

Sabe más por ser diablo,
porque la inmensa mayoría
de los viejos no haya nunca
toda la sabiduría.

Y se hacen viejos en su terca
y antipatiquísima arrogancia
que es más impertinente que cualquiera
de mis adolescentes ignorancias.

Y para mayor desgracia,
la vida al final nos estremece,
porque antes de la sepultura
todos los hombres envejecen,
pero qué pocos maduran,
pero qué pocos maduran.

No reconozcas como superior
más que al hombre que sea mejor que tú,
que todas las revoluciones son,
son palabra y obra de la juventud.