7.3.11

Tiempo



... yo jamás lo detendría.

Si los gobiernos se dedicaran a tareas importantes, si los gobiernos pudieran modificar profundamente las cosas, tal vez deberían coser al tiempo un letrerito blanco con borde negro y alguna advertencia. Pero si los gobiernos no han sido capaz de mandar sobre los mercados, ni soñarían reinar sobre el tiempo. Dos veces al año cambian la hora, se dice, pero lo que hacen es obligarnos a levantarnos antes de la cama y el tiempo sigue corriendo exactamente igual que antes. Los gobiernos son insignificantes.

Yo también lo soy ante el tiempo. Lo siento correr como un río dentro de mi pecho, rápido rápido. Quiero ir a su misma velocidad pero en el fondo sé que llegará el momento en que no podré mantener ese ritmo y el río saldrá de mí y me destrozará. Y cuesta postergar ese momento lo más posible, porque postergar es tiempo, porque momento es tiempo. Porque no es una batalla de dos: es el tiempo el que lucha contra sí mismo -como la naturaleza que abre las gargantas con ríos- y yo simplemente estoy en medio. Un pliegue del tiempo ha animado mi cuerpo y es todo lo que tengo para vivir.