Todo o cais é uma saudade de pedra. Es una frase de un poema de Fernando Pessoa. Casi todas las palabras son similares al español, salvo cais - que significa muelle - y saudade - que no tiene traducción. Bueno, técnicamente la tiene: sería el término castellano "saudade", tomado directamente del portugués.
Ter saudades sería algo parecido a echar de menos, pero no es sólo eso. Los académicos que quitaron la tilde al guion hablan de "soledad, nostalgia, añoranza". Pero, de nuevo, es más que eso. Wikipedia dice - nada menos - que "describe un profundo sentimiento de melancolía producto del recuerdo de una alegría ausente, y que se emplea para expresar una mezcla de sentimientos de amor, de pérdida, de distancia, de soledad, de vacío y de necesidad". Es el recuerdo de una vida pasada que nos hace sentirnos en cierto modo vivos de nuevo. Y tal vez todavía no sea eso. Imagino que es necesario tener raíces en un país cuyos habitantes estuvieron toda la vida mirando al mar para entenderlo. Dicen también que este concepto nació en las colonias en Brasil para describir esa ausencia que se sentía al recordar las tierras de la metrópoli, las personas queridas que allí habían quedado. O tal vez surgió en las comunidades de esclavos negros llevados a la fuerza a las colonias americanas, y luego los portugueses se apropiaron - como de tantas otras cosas - de este término. Cuando estuve en Lisboa, en las mesitas en penumbra o en un rincón de una casa de fado, pude atisbar lo que era la saudade. Porque el fado está empapado de saudade como la magdalena de proust lo está de té caliente. Ahora mismo echo de menos, o tal vez
tenha saudades de esos locales esas copas de vino y esa voz ese sonido de la guitarra. El estuario del Tajo abriéndose horizontal y las olas rompiendo sobre la piedra del muelle. Ese río o mar dejándose morir o matándose enmarcado por dos columas y esas nubes anaranjándose y esos enjambres de gaviotas. Y el olor.
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